EL ARTE DE APRENDER A SER MÁS FELICES


No sé por qué el otro día me puse a ver vídeos en Youtube sobre rutinas diarias. Para quienes no lo sepáis hay todo un mundo de influencers que muestran cómo es un día "normal" en sus vidas: cómo se despiertan, qué desayunan, cómo se organizan... debe despertar mucha curiosidad pues algunos de estos vídeos tienen millones de visitas. Imagino que, además del puro morbo, dicho interés responderá a la falsa de ilusión de "si hago lo que hace alguien con éxito, tendré éxito". 

Lo que encontré fueron un montón de historias de mujeres increíbles, con muchísima energía, un trabajo maravilloso y una actitud súper positiva. Genial para ellas. Y lo digo sin un ápice de ironía.

 A mí, al final, lo que me provocó fue un sentimiento brutal de fracaso, porque yo soy un desastre. Entonces pensé en la imagen que quizá estaba proyectando desde este blog, siempre hablando de la felicidad, de la importancia de la actitud, del optimismo (a veces parece que me ha vomitado Mr. Wonderful)  así quiero dejar clara una cosa:

Yo soy del montón. Del montón malo. No tengo éxito, ni dinero, ni estabilidad. No me levanto como un resorte y me bebo un vaso de agua tibia con limón. Ni hago ejercicio antes de tomarme un café. No tengo rutina de cuidado facial, no me pongo crema siquiera (me da un poco de asquete sentir el pringue en la piel). Tengo una agenda pero no sé seguir un horario y algunos días no termino lo que me propongo. Me acuesto más tarde de lo que debería y juego al Candy Crush. Todo mal.

Así que no soy un ejemplo para nada. Ni para nadie. Pero, con todo, me considero feliz. Feliz porque elijo de forma consciente serlo. Feliz porque trabajo activamente para conseguirlo (ojalá no fuese así, y me viniese dado, pero...). Por eso decidí escribir este blog: para que la gente normal llena de defectos y de mala hostia mañanera supiese que existen pautas de conductas (avaladas por la ciencia) que nos acercan a estados emocionales más positivos. Adopta las que consideres y desecha aquellas que no encajen con tu personalidad (no bailes si no te gusta la música, por el amor de la diosa). 
Ser feliz es posible seas como seas... perezosa, maniática, irascible, despistada, intranquila... sólo hay que saber cómo. Y trabajar para lograrlo.















3.- Sólo importa lo importante

"Lo urgente
no deja tiempo para lo importante"

Nuestra vida está llena de pequeños fuegos cotidianos que tenemos que ir apagando. Corremos de un sitio a otro y gastamos gran cantidad de tiempo y energía en mil cosas, que, si aprendemos a mirar con perspectiva, no son esenciales.

¿Qué es lo que verdaderamente importa?

¿Qué recuerdos quieres tener?
¡Actúa para conseguirlos!
Evidentemente es una respuesta que tiene que encontrar cada cual y no es tan fácil.
Hay un ejercicio en psicología que puede darte algunas pistas:

La mecedora

Cierra los ojos y respira profundamente. 
Imagínate en una mecedora el día que cumples 100 años.
Imagina dónde está esa mecedora, en qué casa, dónde está ubicada, cómo es...
Mira a tu alrededor y fantasea con quién estarás celebrando tu cumpleaños. ¿Mucha familia? ¿Gente reconocida? ¿Amistades? Mira cada uno de los rostros y piensa de qué los conoces.
¿Sobre qué es la fiesta? ¿Sobre los méritos profesionales? ¿Familiar? ¿Qué están diciendo sobre ti?
Ahora da una vuelta por el lugar en el que te encuentras. Tu casa. ¿Qué hay? ¿Tienes fotos? ¿Sobre qué? ¿Qué recuerdos decoran las paredes? ¿Cuadros famosos? ¿Souvenirs de viajes? ¿Pinturas de criaturas?
Es el momento de observarte a ti. ¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras de salud? ¿Cómo piensas?


Lo que quieras recordar cuando tengas 100 años es lo que importa.
Todo lo demás, es ruido.

                                                       USA PROTECTOR SOLAR



Aléjate de la catastrofización

Catastrofizar es, como la psicología no cuenta, una distorsión cognitiva que se basa en dar mucha importancia a acontecimientos que, objetivamente, no la tienen. Ésto que así explicado parece una pamplina, lo hacemos mucho más de lo que piensas.
Por ejemplo:

Llegas tarde a una cita importante. En un momento dado se te caga un pájaro en la manga de la chaqueta.  Los pensamientos que se te pasan por la cabeza son del tipo: todo me tiene que pasar a mí, es que es lo peor que me podía ocurrir, precisamente hoy, tengo muy mala suerte y un largo etcétera que todo el mundo hemos recorrido alguna vez.

Aprender a poner las cosas en perspectiva es muy importante para la forma en la que nos tomamos lo que nos ocurre.
De 1 a 10: ¿cuánto de malo es que se me haya cagado una paloma en la manga?
Pues probablemente sea un incordio, una molestia, pero no pasará del 1. En cambio, si lo posiciono en un 7 u 8 se convertirá en un problema capaz de amargarme todo el día.

¿Esto significa que no me puedo enfadar porque lo que me ha pasado no es tan grave como un terremoto en el que he perdido todo lo que tengo?
Ni mucho menos.
Enfádate lo que quieras. Sólo que siendo consciente de que te enfadas por algo que no es una catástrofe. No es muy probable que seas feliz si cualquier pequeñez te provoca emociones como si de grandes acontecimientos se trataran.

Así que ya sabes... Importa aquello que tú consideras que es importante. Aprender a valorar los acontecimientos en su justa medida hará que tu respuesta sea adecuada a la intensidad. De esta manera no te cansarás con nimiedades y podrás enfocarte en lo esencial.

Motivación no es tener ánimos, motivación es tener motivos




Las emociones son difíciles de controlar (si el caso, enhorabuena) por eso no es aconsejable depender de las mismas para hacer algo. Es el ejemplo típico de querer dejar de fumar, o de tener una criatura... NUNCA va a ser el momento adecuado (y aquí sí digo nunca aunque nunca digas nunca) lo que hay que tener presentes son los motivos.

La novedad en la rutina


La vida, aunque vivas en Hawai, termina por ser rutinaria. Por norma general, nos levantamos a la misma hora, vamos al trabajo y tenemos un ocio (si tenemos la suerte de tenerlo) que es siempre igual. Llega un momento que hacemos de nuestros días una copia exacta del anterior, no porque queramos (o al menos no la mayoría) sino por costumbre. Piensa sólo un minuto... ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo nuevo?

Hacer cosas nuevas nos hace más felices

Durante la juventud hacer cosas nuevas es relativamente común sobre todo porque estamos disponibles . Quizá es cierto que tenemos algo más de tiempo libre, pero no es el motivo principal, lo que ocurre es que aún estamos buscando "lo que nos gusta". Y... una vez lo hemos encontrado ¡se acabó! Vas a los mismos bares, lees los mismos autores, te juntas con las mismas personas. Y no es que estas conductas sean perjudiciales ni mucho menos, si eres feliz así, genial y a otra cosa,  el problema es que por norma general la rutina termina por aburrirnos, cansarnos y, en el peor de los casos, deprimiéndonos. Siendo así, es curioso comprobar cómo preferimos quedarnos con nuestros hábitos aun sin que éstos nos hagan sentir demasiado bien...

Aprender cosas nuevas, tener relaciones con gente diferente, viajar a lugares desconocidos, pueden, en un principio, generarnos cierta "desazón". Miedo, vaya. Aunque no nos lo admitamos. Para ello nos llenamos de excusas y nos decimos que no tenemos tiempo, o dinero o que realmente no nos gusta tanto la danza... Todo para no salir de la zona de confort (se está tan bien en la zona de confort...). Aún así, si al final decidimos asomar la nariz, los beneficios son incuestionables:

- Aprendemos más y mejor. Ante un estímulo novedoso, nuestro cerebro forma recuerdos más potentes. Una especie de gimnasia cerebral.



- Fomentamos la plasticidad neuronal. En contra de lo que se creía hasta hace muy poco, el cerebro tiene la capacidad de cambiar a lo largo de todo el ciclo vital. Introducir "elementos sorpresa" aumenta esta neurogénesis.

- Nuestra visión del mundo se expande y por lo tanto somos más flexibles y tolerantes.

- Aunque al principio cueste un poco, sólo un primer paso va a provocar que cada vez nos cueste menos y menos enfrentarnos a cosas desconocidas.

- Aumenta la sensación de flow y por lo tanto, de bienestar subjetivo.

- Volver a sentir la emoción de la primera vez... Ese pellizco que parece que te abandona a cierta edad reaparece cuando comenzamos a hacer cosas nuevas.

- Tienes un conocimiento más profundo de ti misma. Probar nuevas actividades hará que descubras pasiones que no sabías que tenías o que abandones sueños que siempre pensaste que era lo tuyo.

Es fácil hacer cosas nuevas, y no estoy hablando de hacer paracaidismo o viajar a Bali (que si quieres, también) es regalarte la oportunidad de probar con un deporte que nunca habías hecho o tomarte un café con la vecina a la que siempre das largas... Nunca se sabe donde podrás encontrar la felicidad.





El ser humano es tonto: el estrés


Si entendemos la inteligencia como la capacidad de adaptación, el ser humano es tirando a tonto.

El cerebro, las estructuras de aprendizaje, la motivación, el pensamiento... eran adecuados cuando vivíamos en el paleolítico, pero la sociedad se ha desarrollado a una velocidad vertiginosa que nuestro sistema nervioso no ha podido alcanzar.

El estrés no sirve

Fisiológicamente hablando, el estrés es la activación del sistema simpático producida por el hipotálamo y la amígdala (estructuras cerebrales que se ponen en funcionamiento ante el miedo, básicamente). Éstas mandan una señal de peligro y activa el simpático que reacciona a nivel orgánico de múltiples formas: acelera el corazón, se produce sudoración, dilata las pupilas, aumenta la necesidad de oxígeno... Todas estas acciones corporales tenían sentido cuando el peligro consistía en encontrarse, por ejemplo, ante un animal, ya que nos preparaba para huir o luchar.
Ahora, cuando nuestros miedos son tipo miedo a hablar en público, estas señales no sirven para nada, al contrario, sudar, tener la boca seca o temblar, te hace sentirte más expuesta a la valoración negativa por lo que puede llegar a incrementar el miedo. Y ni que decir tiene los efectos que tiene a largo plazo.

¿Y qué tiene que ver esto con la felicidad?


A lo que voy es que tenemos que entender que muchas cosas que antes eran adaptativas, ya no lo son:
ser pesimista, almacenar toda la grasa que podamos, anticipar acontecimientos... son ejemplos de actitudes que nos sirvieron para sobrevivir y que, en cambio, no son demasiado útiles en la sociedad actual. Por lo tanto, partiendo de la base que estamos "programadas" para actuar y/o pensar de determinadas formas, lo importante es re-aprender a hacerlo de otra manera, que realmente nos sirva para el momento en el que vivimos. Se puede cambiar la forma en la que nos enfrentamos a la realidad, eso sí, con mucho trabajo y cambios de costumbres, saliendo de nuestra zona de confort, aunque nuestro cerebro no quiera, pero bueno, ya sabemos que no es muy listo.

The Awkward Yeti
Un cómic realmente imprescindible
Cómpralo aquí

Blue Monday ¿el día más triste?

Al día de hoy le han colgado el sambenito de ser el más triste del año. Cierto es que el que sea lunes, que haga frío y que el subidón de las Navidades nos parezca ya remoto no ayuda pero ¿qué tiene todo esto de real?

Blue Monday

En 2005 una agencia de viajes lanzó al mundo este nuevo concepto como parte de una campaña publicitaria. Decían haberlo calculado científicamente a través de una complicada fórmula que incluía factores como la deuda, el clima o que nos haya dado tiempo a abandonar los propósitos de año nuevo. El resultado era el tercer lunes de enero, donde, supuestamente, confluyen con mayor fuerza todas estas variables. ¿Qué podíamos hacer, entonces, entre tanta tristeza? Comenzar a motivarnos planeando nuestras próximas vacaciones... (la casualidad).



No hay datos significativos que apunten la existencia de más consultas médicas ese día o mayor absentismo laboral. No hay ni una sola evidencia científica que apoye la hipótesis del Blue Monday, básicamente porque una fecha no puede determinar por sí misma un estado de ánimo. Así que si hoy estás más triste de lo habitual obsérvate también mañana... por si las moscas.

Aprende a decir no


La sociedad nos hace creer que hay que estar disponible todo el tiempo para todas las personas. 😖

Más en el caso de mujeres que para ser buenas tenemos que ser "cuidadoras" y "abnegadas". 😑😒

Decir no sin sentirnos culpables


Decir no, poner límites, nos llena de culpa porque queremos agradar a todas las personas en todo momento y parece que si en algún momento ponemos por delante nuestras necesidades a las del resto ya somos egoístas o malas hijas/amigas/vecinas/compañeras.

Saber poner límites es una herramienta fundamental a la hora de ser más felices, sobre todo porque muchas veces hacemos las cosas más por obligación que porque realmente queramos hacerlas y esto nos llena de frustración y nos roba muchísimo tiempo vital. Además, la gente que está siempre disponible, entiende que de alguna manera debe ser recompensada de forma recíproca. Cuando esto no sucede (porque no sucede) el nivel de negatividad aumenta.


Adiós a la culpa


- Valora tu tiempo como valoras tu dinero. Imagina que una amiga te pide un millón de euros. Probablemente no dispongas de todo ese dinero pero ella te lo exige, llora, te chantajea emocionalmente. ¿A que aún así no puedes prestárselo? Ésto que vemos tan claro con las cosas materiales no somos capaces de extrapolarlo al terreno emocional. A veces no podemos (o no debemos o no queremos) estar toda la tarde con nuestra amiga porque por enésima vez la ha dejado el novio. No tenemos tiempo. Esto no nos convierte en peor ser humano.

- Invierte en valores seguros. La confianza da asco, eso es una verdad como un templo, y es que, a veces, estamos más disponibles para personas que no son realmente importantes en nuestra vida que para quienes sí lo son porque entendemos su amor como seguro. 

- Di no de forma asertiva. Aprender a expresar tus límites con educación y sin hacer daño es esencial para no sentirte peor aún. 

- Quiérete un montón. Esto es el comodín a todos nuestros males, pero es que es verdad. Sólo si te quieres no te ves forzada a hacer cosas por quien te rodea todo el tiempo para agradar. Puede parecer que las personas altruistas lo son por bondad, y no digo que no las haya, pero en la inmensa mayoría de ocasiones estamos disponibles por miedo. Miedo a que nos dejen de querer. Miedo a que nos dejen de necesitar. 

- Sé flexible con la opinión que tienes de ti. Si tú te has autoimpuesto la etiqueta de "generosa" o "muy buena amiga" piensas que tienes que ser coherente con dicha idea tooooodo el tiempo. Así, si un día no puedes/quieres/debes hacer un favor a alguien esa imagen quedará dañada, lo que te hará sentir culpable. Entiende que una acción no te define.

¿Lo que estoy diciendo significa que no hay que hacer favores?

No.
Significa que hay que ser consciente de en qué y en quién invertimos nuestro tiempo y si realmente lo estamos haciendo por generosidad o porque esperamos que lo hagan por nosotros después. Hacerlo desde el convencimiento, la autoestima, porque quieres, sin esperar nada a cambio es el verdadero altruismo ¿no crees?




Pongámonos serias

Flavita Banana


El humor, la alegría, ha sido devaluada de tal manera que ser serio se ha convertido en sinónimo de responsable, formal y profesional. Se considera la seriedad como un valor empresarial y es que es difícil imaginarnos una reunión de una gran compañía sin rictus graves y faltos de sobriedad en las maneras. Aunque se esté hablando sobre pomos. Como si sólo por el hecho de reírte trabajases menos o peor y justamente las investigaciones han encontrado lo contrario. El humor facilita el ambiente laboral, reduce el estrés y provoca cohesión grupal, además, evidentemente, de aumentar la satisfacción de quien trabaja.
Hay quien es cabal, puntual y se siente comprometida con el trabajo.
Y además se ríe un montón (cuando quiere). Y así, odia los lunes un poquito menos.

Propósitos de año nuevo: Esta vez sí


Los propósitos de Año Nuevo son tan típicos como las uvas o el turrón. Comenzar el año nos da la excusa perfecta de cambiar aquello de nuestra vida con lo que no estamos conformes, pero, ¿sabemos cómo proponernos el cambio? ¿Vamos a hacer lo que hicimos el año pasado, y el anterior, y el anterior?


Aquí algunos consejos si de verdad quieres conseguir lo que te propones.

Pasito a pasito se hace el caminito

El error más común es proponernos imposibles. Aprender inglés, adelgazar, organizarme mejor... son ideas tan abstractas que es difícil saber cuándo has llegado a tu meta, pues no son cuantificables. Un propósito tendrá mayores probabilidades de éxito cuanto mejor definido y más realistas seamos con el mismo ya que tener ideas demasiado exigentes lo único que puede provocarnos es angustia y frustración.

1.- Define tu meta (sé realista). Esta parte es esencial para saber de verdad qué quieres conseguir. Cuanto mejor definida esté, mucho mejor. No es lo mismo decir "quiero hacer más deporte" que "ir al gimnasio 4 veces por semana y los domingos hacer senderismo." Cuantifica siempre que sea posible ya que nos da una idea exacta de cual es la meta.



2.- Ten claros y visibles los beneficios. Aunque esto no es una parte en sí de la consecución de metas yo creo que es imprescindible para no desmotivarnos. Hacer una extensa lista de qué y por qué queremos proponernos lo que nos estamos proponiendo es una forma fantástica de recordarnos el fin de lo que hacemos. 

3.- Qué tengo y qué necesito para conseguirlo. En esta etapa hay que ser muyyyyy sincera con una misma y responderse con total franqueza. ¿Que cualidades, recursos, tiempo, etc, tengo que me facilitan la consecución del objetivo? ¿Qué necesitaría, qué apoyos, qué materiales, qué habilidades tendría que aportar?
Por ejemplo:
Si lo que me he propuesto es aprobar el B2 de inglés ya que el año pasado lo intenté y no pude, tengo que tener claro que a mi favor juega el hecho de que tengo cierta base, que tengo tiempo y mucha motivación. En cambio, necesitaría ir a una academia y ver películas en versión original para acostumbrar el oído a los sonidos. Ser consciente de tus propias fortalezas y de tus debilidades te acerca a buscar soluciones que no puedes tener por ti misma.

4.- Descuartiza. Plantéate retos semanales o mensuales. El ser humano no es muy dado a trabajar con metas a largo plazo ya que somos de recompensas inmediatas (hay quien no, pero es gente con suerte y muy disciplinada, lo que no es mi caso) Lo mejor es proponerse pequeños retos para que puedas ir observando los cambios y motivándote más.

5.- Recompensa o revisa. Cuando llegamos a lo que llamamos hitos, es decir, a esos retos que nos hemos propuesto a corto plazo, tenemos que ver si hemos o no conseguido lo que nos proponíamos. Si es así, busca una recompensa que "gratifique" tu esfuerzo. Si no es el caso, revisa la meta, quizá no era muy realista, o reflexiona acerca de qué has podido hacer que no haya ayudado a conseguirlo. Aquí es importante también la sinceridad y la autocrítica. Se conscientes de qué hacemos mal es el primer paso para cambiarlo.


Tristeza VS depresión



Se usa la palabra depresión muy a la ligera lo que conlleva dos problemas: por un lado se sobrediagnostica, por otro se minimizan las consecuencias de la depresión.



Estar deprimida no es estar tristona, o no tener ganas de hacer algo, o que no te haga ilusión celebrar tu cumpleaños... La tristeza es parte de la vida, aunque en la sociedad del cupcake fascism no se tolere y se medique cualquier sensación que no sea absoluta y continua felicidad.  Hay cosas que nos ponen tristes e incluso momentos en los que lo estamos y no sabemos muy bien por qué. Normal.

La depresión en cambio, tiene tres dimensiones por así decirlo: cognitiva, afectiva y conductual.
Piensas que nada tiene sentido, que nada va a cambiar y/o que no vales para nada. No piensas con claridad y te cuesta tomar decisiones.
Sientes  tristeza y desesperanza además de no conseguir sentir placer con nada.
Actúas de forma diferente, bien duermes mucho o muy poco, comes nada o demasiado, te falta energía... Incluso puedes estar más irritada.

Prácticamente no tienes ganas de vivir y todo lo que tienes que hacer te cuesta un esfuerzo hercúleo. No es pereza, no es flojera, no es no querer. Pero creo, que aun con todo lo que se ha escrito sobre el tema, lo mejor que podéis hacer para entenderlo es escuchar esta canción.




La depresión es una enfermedad seria que puede llegar a ser mortal en el peor de los casos y es que la relación entre depresión y muerte por suicidio es altísima. Entenderla, acompañar y  no tratarla a la ligera es un buen punto de partida si alguien a tu alrededor la sufre. Y si eres tú, pide ayuda.


Mi reino por tu like


La gente que no somos nativas digitales flipamos con esta juventud siempre enganchada al móvil, haciendo fotos de todo lo que ocurre, exponiendo su vida sin ton ni son. No entendemos por qué y a veces caemos en lo que absolutamente todas las generaciones caen: pensar que lo nuestro era lo bueno y quedóndevamosallegardiosmío. Evidentemente el abuso y el uso inadecuado de la tecnología conlleva problemas muy graves, por lo que hay que educar en valores y poner límites, una tarea complicada ya que las redes sociales tienen a su favor un potente aliado: el sistema de recompensas.

Todo el día con el móvil, todo el día con el móvil

Hay muchos motivos por los que la gente está todo el día mirando el móvil: necesidad de conexión, inmediatez, sentido de pertenencia, aburrimiento... Pero sobre todo, lo hacen hacemos porque cada like, cada comentario, cada nuevo seguidor, dispara una pequeña descarga de dopamina a nuestro sistema de recompensas. El sistema de recompensas es, para que nos entendamos, el circuito cerebral que dice:
 - Ummmm esto me gusta, ¡vamos a repetirlo!
El que espera la gratificación inmediata, el del placer, el que tiene la culpa de que te comas otro trozo de tarta aun estando a dieta. 
Responde a las necesidades más primarias: comida, sed, sexo, seguridad o aceptación (por ejemplo). Si yo confundo lo que publico en una red social, con todo lo que yo soy, cada vez que haya un "me gusta" sentiré aceptación, amor, más dopamina en mi cerebro y por lo tanto, reforzaré la conducta para hacerlo más veces. Es decir:

Publico una foto------ tengo 100 likes------- me siento aceptada --------> repetiré la conducta.

No hay que olvidar que es el mismo centro que responde a la cocaína.

El problema está cuando no recibimos toda la atención que pretendemos por lo que sentimos "mono" o cuando cada vez queremos más y más. En un cerebro adolescente puede llevar a la tristeza, a la falta de autoestima o a la búsqueda de publicaciones que sean más populares.

¿Qué podemos hacer entonces ante la fuerza que pueden llegar a tener las redes sociales?


- Busca otros sistemas de recompensas.

- Sé consciente que las publicaciones más populares no son las que tienen más calidad. Alinéate con tus valores. No todo vale.

- Entiende que tú no eres lo que publicas. No eres una foto, por lo tanto que guste o no no implica que tú entera gustes o dejes de gustar.


Banksy retratatando la realidad

- Piensa a largo plazo. La lucha constante entre la gratificación inmediata y nuestros objetivos a medio- largo plazo siempre está ahí. Por lo tanto, si estar pendiente de las redes sociales te quita tiempo para dedicarlo a tus metas, refuerza más tus objetivos vitales.

No busco demonizar bajo ningún concepto las redes sociales y todas las oportunidades que éstas nos dan, sólo hacer entender que nuestra autoestima no puede ir ligada al refuerzo externo (fácil decirlo, difícil hacerlo). Todo el mundo entiende que no puede comerse un donette cada 10 minutos, por mucho que le apetezca, por mucha recompensa inmediata que te genere. 
Pues con el Instagram igual.

Giyalgalu


En lengua yine existe un concepto para expresar una emoción que no existe en castellano: giyalgalu.

Giyalgalu es eso que sentimos cuando no conseguimos algo después de haberlo intentado varias veces.





Intentar una y otra vez algo sin conseguirlo nos genera una serie de emociones que muchas veces no somos capaces de describir. Que exista la palabra adecuada hace más accesible el sentimiento, y, con trabajo, la solución.

2.- Acepta la Realidad


Aceptar

No hay nada más difícil que ser sincera con una misma... Somos capaces de engañarnos hasta el infinito para no tener que aceptar algunas realidades. Este proceso es absolutamente necesario y, según han demostrado tratamientos eficaces, lo mejor para comenzar el cambio.
Imagina que has estado en 4 empresas diferentes y en todas te has llevado mal con tus compañeras. Puede ser que seas la persona con más mala suerte del mundo, pero probablemente no. A lo mejor es que tienes mal carácter, eres muy altiva o demasiado tímida... Establecernos como víctimas de lo que nos ocurre no nos beneficia en nada ya que sólo somos el producto de las circunstancias. En cambio, si somos capaces de revisarnos y decir "Bueno, a lo mejor soy un poco gilipollas" podemos decidir si queremos aprender a dejar de serlo o no.

Esto es muy difícil hacerlo pues nuestra autoimagen se ve comprometida pero, peeeero, es mejor ponerse una vez la cara colorá que ciento amarilla.

Aceptar no es resignarse. Aceptar es mirar, ser realista, conocer desde dónde partimos.

Hay un ejemplo muy gráfico para entender este punto:

Quiero adelgazar. Para adelgazar, tenemos que aceptar el hecho de que nos sobran unos quilos. Sólo eso. Sin juicios de valor, sin no tendría que haber llegado a este punto, sin yo es que prefiero no saber cuánto peso. Me acepto, me perdono y cambio. Pero no me resigno. Resignarse sería conocer la realidad y no hacer nada para cambiarla en el caso de que no nos guste.

La primera pregunta que tenemos que hacernos es: ¿dónde estoy?
La segunda: ¿dónde quiero estar?
Y la última: ¿qué puedo hacer para pasar de donde estoy a donde quiero estar?

Yo es que soy muy sincera


La sinceridad, una cualidad, a priori, deseable, se ha convertido en la carta blanca a la que mucha gente maleducada se aferra para decir todo lo que quiere.


Muy sincera...

- Estás más gorda.
- No me caes bien.
- Tu tarta está seca.

La total sinceridad tiene mucho más que ver con el ego que con la intención de ayuda. Pensar que todo el mundo, en todo momento, tiene que saber todo lo que piensas es de un egocentrismo evidente. Tu opinión es tú opinión y no darla siempre no significa que no seas una persona verdadera o sincera, sólo que entiendes que no es necesario.

El otro día...

Iba yo con mi pelo recién teñido y me suelta una conocida:

- Te queda peor ese color que el que tenías.

En un bar.
Con todo el grupo delante.

Qué tontería, pensaréis, aquellas cuya autoestima sea adecuada... a mí ese día me pilló con las defensas bajas y lo único que consiguió es que me sintiese incómoda toda la noche (vale, toda la noche no, unas tres cervezas) A lo que voy es que decir lo que al final sólo es una opinión sólo sirvió para que yo me sintiese mal ya que no podía cambiar nada en ese preciso momento.

¿Entonces es mejor mentir?

Depende... creo yo.

¿Te han preguntado?
En muchas ocasiones nos creemos con el derecho de opinar de la vida de la gente sin que nadie nos haya preguntado. 


¿Conoces bien a la persona?
Todas las relaciones no son iguales. Probablemente puedas ser más sincera con gente más cercana y porque, al conocerte, sabe que se lo estás diciendo desde la preocupación y/o desde el cariño.

¿Es el momento adecuado?
Si tiene un moco, no se lo digas delante de su jefe. Llévate a tu compañera a un lado o díselo de forma sutil. En este punto me gusta mucho lo que se llama la regla de los 3 segundos: si lo que vas a decir no puede ser modificado en tres segundos, mejor no lo digas.

¿Lo estoy diciendo de forma asertiva?
Si te preocupa que tu mejor amiga esté adelgazando mucho, no le digas que se está quedando que da pena verla. En el momento adecuado, dile que estás notando que está perdiendo peso, que si se debe a algo o si se encuentra bien. Las formas te permiten expresar lo mismo sin herir.


Ain't got no, I got life


La habréis oído miles de veces ¿pero la habéis escuchado alguna vez?



Hay canciones por las que pasearse cuando se pierde la esperanza... para más aquí

El miedo cuando no sabemos que es miedo


Vale, hasta aquí más o menos bien, más o menos de acuerdo... El problema viene cuando no sabemos si es miedo eso que tenemos. El miedo es una emoción tan chunga que en muchos casos se esconde detrás de otras para no admitirnos que lo que nos pasa es que tememos hacer algo.

Un ejemplo:

Quiero conocer Kazajistán pero nadie quiere venir conmigo. Yo, una mujer independiente y moderna podría ir sola pero nunca encuentro el momento: ahora los billetes están muy caros, es el cumpleaños de mi sobrina, me apetece quedarme estos días libres en casa para poder descansar... y un sinfín de excusas con las que me convenzo que no es buena idea. No puedo admitirme que me da miedo ir sola así que me lío con pensamientos hasta el punto que lo que realmente siento queda invisibilizado.

Esto nos pasa mucho más de lo que pensáis, el miedo tiene mil maneras de inmovilizarnos y es muy complicado llegar a conocerse hasta el punto de entender qué es lo que se esconde tras nuestras decisiones. También hay que ser muy valiente para admitirse como miedosa en un mundo que ve ésto como una terrible cualidad. Por eso, ante lo que quieras hacer, pregúntate siempre ¿si no tuviera miedo qué haría? Y sé sincera contigo (que tampoco hace falta que los seas con quien te rodea) Y una vez te reconozcas que tienes miedo, hazlo con miedo. O no. Tampoco pasa nada.




Aumentar la autoestima en la infancia


El otro día escuchaba Nadie sabe nada un programa (a priori, de humor) de radio de Berto Romero y Andreu Buenafuente, que, por cierto, recomiendo. Buenafuente contaba que había tenido una "discusión" con su hija sobre cómo se llamaba el monstruo de las galletas. Resulta que al final la niña tenía razón a lo que Berto le pregunta:

-¿Le has dicho lo siento? Hay que decir lo siento a los niños-

Y no, no se lo había dicho, y eso me hizo reflexionar cómo desde la adultez tratamos a las criaturas pretendiéndoles unos estándares morales y unos comportamientos que nosotras mismas no tenemos.

Reforzar la autoestima en la infancia

No se puede, evidentemente, hablar en los mismos términos a una criatura que a una persona adulta, pero sí con la misma intención: de forma asertiva para no dañar. Nadie lo hace de manera consciente ¡faltaría más! pero es cierto que en ocasiones tenemos menos paciencia o cuidamos menos lo que decimos a nuestrxs hijxs que a cualquiera que pasa por la calle.

Tú eres su ejemplo.
Todo lo que digas será La Verdad,
por eso tenemos que estar pendientes de lo que decimos.

Reforzar la autoestima en estas etapas es básico para que maduren desde la salud. Os dejo algunos ejemplos de lo que todo el mundo hacemos de vez en cuando:

- ¿No me das un beso? Pues ya no te quiero.

Hay que hacer entender que el amor es siempre incondicional. Chantajear con irte o dejar de querer es algo que no entienden como broma ya que en muchas ocasiones aún no han desarrollado el pensamiento abstracto. El comportamiento deseado debe conseguirse de otras maneras nunca haciéndole pensar que va a dejar de ser amadx.

- Eres muy pesada/llorona/desordenada

Intenta usar las etiquetas lo menos posible. Habla sobre comportamientos, no cualidades ya que puede llegar a creérselas.

- Tu hermana ayuda en casa.

Comparar ¡nunca! es buena idea. Lo único que puede generar es animadversión por la persona con la que comparas pero no estimula el cambio de conducta.

- Eso es lo que tienes que hacer.

Valora sus esfuerzos por pequeños que sean. Refuerza cada paso que da y hazle saber lo que sientes al respecto. Si querías que recogiera los juguetes, mejor di, me siento muy feliz porque lo has recogido todo estupendamente. Eres genial. No es "lo que tenía que hacer". Está aprendiendo.

- Te vas a caer.

Anima a explorar el entorno de forma autónoma. Esto no quiere decir que dejes que corra peligros, tú ahí, pero sólo para ayudar en el caso de que algo ocurra, no para guiar. Una criatura miedosa no puede desarrollar una autoestima equilibrada.

¿Qué te gusta oír a ti?

Habla como te gusta que te hablen, no tiene más misterio. Exprésale gratitud, amor, confianza, respeto, cariño de forma genuina y diaria. En su cerebro se formará la idea que es un ser humano válido y que siempre estarás ahí, pase lo que pase.



¿19 días y 500 noches?


¿Cuánto dura el desamor?

19 días y 500 noches que decía el poeta que hace canciones... y es así... más o menos... entre 6 meses y 2 años dependiendo de la persona, la sociedad, el tipo de relación y la ruptura en sí, entre otras variables.

Una ruptura es, a nivel cerebral, como dejar las drogas. El amor, sobre todo en fase de enamoramiento, te pega un subidón de dopamina. La dopamina es el neurotransmisor que actúa en el llamado centro de recompensa, es decir, el que provoca bienestar y sentimiento de plenitud. La cocaína, por ejemplo, actúa bloqueando la recaptación de dopamina lo que hace que haya más y, por lo tanto, el cerebro se siente "mejor". Todo el mundo entiende que el síndrome de abstinencia de la cocaína se produce cuando se deja de suministrar la droga, ¿no? No hay coca, no hay dopamina por lo tanto el cerebro se estresa. Pues con el amor igual. Así que no hay que tomarse a la ligera una ruptura, porque, además del estrés biológico puro y duro, tenemos que atender también a todos los aspectos personales y sociales que el desamor provoca.

¿Qué puedo hacer yo?

A ver... pasarlo lo vas a tener que pasar y duele un montón. Pero, peeeeeero, podemos poner algo de nuestra parte para que pase lo antes posible o que al menos, seas mejor cuando todo acabe. El tiempo por sí mismo no cura, cura lo que hagamos en ese tiempo (y sí, parece una frase de Mr. Wonderful, pero es verdad)

1.- Haz reposo. No se te ocurre salir corriendo el día que te rompes una pierna, ¿a que no? Pues el amor igual. A veces parar es una oportunidad para pensar dónde queremos ir.

2.- Acepta. Sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero cuanto antes seas consciente de la realidad de tu nueva situación, antes podrás "curarte". Instalarte en la fantasía de una segunda oportunidad palia el dolor presente pero alarga el proceso.

3.- Rompe el contacto. Al menos al principio y siempre en la medida de tus posibilidades (es más difícil cuando se tiene descendencia o bienes en común). También en redes sociales. Pero no vale dejar de seguir y luego cotillear todo desde otra cuenta... Sé fuerte e intenta no mirar sus actualizaciones.

Habla de lo que te está pasando pero que no se convierta en monotema.
Es negativo para ti (y para quien te rodea)

4.- Haz una lista de las cosas malas. Es muy común pensar y requetepensar en las cosas que te hacían feliz, pero eso no hace más que "alimentar" la conexión. Es el momento de sincerarte y escribir todo aquello que no te gustaba y, por lo tanto, de las posibilidades que ahora se abren. Por ejemplo, si la otra persona odiaba viajar, piensa que ahora tendrás más oportunidades de hacerlo. También más tiempo.

5.- Ensobérbiate. Vale. Esta palabra es inventada pero no encontraba ninguna que expresase la idea: la soberbia, tan denostada en nuestro imaginario judeo-cristiano es una buena aliada en estos casos. No permitirte llamar, ni escribir, ni quedarte en casa otra noche...Volver a sentir que tienes el control, en definitiva...

6.- Haz cosas nuevas. La novedad provee a nuestro cerebro de ciertas dosis de dopamina. Visita un lugar desconocido, sal con esas compañeras a las que siempre habías puesto excusas, apúntate a teatro... Lo que te guste, lo que te apetezca.

7.- Reestructura tus creencias. Al dolor emocional se une, en estos casos, el dolor social. Es decir, cuando alguien deja las drogas la sociedad lo ve como positivo, en cambio, una ruptura amorosa conlleva una mochila de ideas que no son del todo útiles. En esta sociedad la soltería es casi un estigma que considera a la persona "no válida". Reestructura esta creencia. La soltería es una opción y no condiciona el hecho de ser o no feliz. Por culpa de esta creencia en muchas ocasiones nos vemos envueltas en relaciones sin amor o buscando desesperadamente otra, cuando la anterior falla. Eres quien eres independientemente de tu pareja. Grábalo a fuego.

El desamor es un proceso complicado por el que la mayoría pasamos o pasaremos en algún momento de la vida. Es una mierda, pero como todo, tienes la libertad de elegir cómo tomártelo: si prefieres ser una víctima o salir más fuerte para construir mejores relaciones en el futuro (si es el caso).

Si estás en ese momento, lo siento. Paciencia y fuerza. El dolor terminará por pasar.
Te lo aseguro.



La experiencia no es suficiente




"Es muy madura para su edad porque ha pasado por mucho en la vida"

Habré escuchado esta frase (y variantes) cientos de veces, como si la experiencia por sí misma te fuese dando puntos de madurez. En cambio, cualquiera puede constatar que hay gente que aún habiendo vivido acontecimientos duros no crece, ni mejora, ni aprende, porque para hacerlo hay que invertir cierto esfuerzo... y no todo el mundo quiere.

Experiencias ¿transformadoras?

Existen miles de vídeos, libros e historias sobre personas a las que les cambió algo por lo que pasaron. Una inspiración repentina llegó a su forma de ver las cosas. Bien, puede pasar, pero no es lo más común. Las personas somos lentas y torpes a la hora de cambiar hábitos y creencias por lo que sólo una profunda convicción de necesidad de cambio y un "entrenamiento" es lo más eficaz para que se mantenga a largo plazo. ¡Pues vaya rollo! Pensaréis, si la idea era un soplo divino de motivación. Siento la decepción. La psicología, más que una liposucción,  es una dieta equilibrada y mucho ejercicio físico. Por eso no sólo depende de la cantidad o la calidad de experiencias que nos vayan ocurriendo, sino cómo las gestionamos.


¿Cómo se aprende de la experiencia?

Hay alguien tan inteligente que aprende
de las experiencias de los demás.
- Voltaire-
- Acepta lo que ha ocurrido, no excuses, no evites. Intenta explicarte de la forma más objetiva posible qué es lo que ha pasado. Sé sincera contigo misma (aunque no lo seas con quien te rodea).

- Asume que somos responsables, no víctimas. Vale, hay experiencias de todo tipo, pero en muchas de ellas tenemos más responsabilidad de lo que creemos. Intenta ser consciente de qué causas has podido propiciar para que las cosas hayan ocurrido como ocurrieron, no para culpabilizarte, sino para aprender qué es lo que no quieres volver a hacer.

- No repitas patrones ¡cambia! Si te dio un infarto por estresarte mucho en el trabajo, busca ayuda para dejar de hacerlo, no vas a cambiar tu conducta laboral por obra de birlibirloque (me encanta birlibirloque). Como dijo Einstein: no esperes resultados distintos si haces las mismas cosas.

- Profundiza. EL problema es que muchas veces la vida nos lleva a todo ritmo y no somos capaces de digerir. Además, la cultura de hacer y estar siempre bien, no nos permite pararnos y reflexionar por lo que nos vamos quedando en las capas superficiales de lo que nos va pasando... Profundizar en el por qué y cómo nos sentimos al respecto, es un gran paso para poder aprender.

- Decide cómo quieres comportarte al respecto. Las cosas pasan. Es una mierda, pero es así. Hay gente que pasa por situaciones terribles y aún así deciden construir y sobrevivir. Siempre se puede tomar la decisión de cómo afrontar lo que nos pasa y, hacerlo de la forma más útil, es verdadera inteligencia.